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Manuel

manuel-jf@hub.zilla.tech

Sine ira et studio

 Zotlandia last edited: Sun, 22 Jul 2018 09:06:32 +0200  
@Mike Macgirvin

No me gustan los koalas. Son unos bichos asquerosos, irascibles y estúpidos sin un solo hueso amistoso en todo su cuerpo. Sus hábitos sociales son vergonzosos: los machos siempre andan propinando palizas a sus semejantes y robándoles las hembras. Tienen mecanismos defensivos repugnantes. Su piel está infestada de piojos. Roncan. Su semejanza con juguetes adorables es una engañifa abyecta. No son dignos de elogio por ningún motivo.

Y además, una vez un koala intentó hacerme daño de una forma muy horrible”.


No parece que Kenneth Cook tenga simpatía alguna por esos animales que, efectivamente, no son osos. El koala asesino, se titula su libro de relatos, uno de los que, en los últimos años, ha conseguido hacer de Australia un país cercano.


Los koalas de Australia

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El emblema australiano

Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que el koala es una suerte de insignia, símbolo de Australia por encima incluso del canguro, o de sus parientes pequeños, los ualabies o wallabies (que, no obstante, dan nombre a los integrantes de la selección de rugby).

Y las circunstancias del koala, seguidas con interés en medio mundo, no dejan de generar informaciones.

Un ejemplo. Hay zonas del país donde, desde 2001, los tienen en su lista oficial de animales dañinos regionales, en compañías tan dudosas como la de las termitas, las coronas de espinas (unas voraces estrellas de mar) o las cucaburras (cuyo reclamo, similar a la carcajada humana, da aún más miedo si tenemos en cuenta que son aves carnívoras).

Otro: en 2015, se denunció que en algunas zonas los koalas se habían convertido en una plaga.

Sin embargo, el pasado mes de mayo, el estado de New South Wales anunció la puesta en marcha de un plan para proteger a esta criatura icónica, ahora en peligro de extinción… Antes, el enemigo era el cazador; ahora, son cazados por la chlamydia, bacteria responsable de una enfermedad de transmisión sexual común en los humanos.
  last edited: Sun, 22 Jul 2018 09:02:41 +0200  
Lo acabo de leer y justo me había acordado de @Mike Macgirvin  y el artículo que compartió hace un par de semanas :-).

Por cierto, las etiquetas están mal escritas. ¿El móvil que es cruel?
  
¡Odio eterno a los androides! :-)

 Zotlandia 
Malaespina no es un buen nombre para un viajero de leyenda. Sí lo es para el protagonista de una novela picaresca o incluso para un espadachín o un bandolero. Y algo de todos esos géneros hay en la biografía de Alejandro Malaespina Meliluppi, que nació y murió en Italia (1754-1809) aunque pasó a la historia como navegante y militar al servicio de la Corona de España.


Malaespina en Nueva Holanda

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En la carta que le dirigió a Carlos III proponiendo su vuelta al mundo, el viaje que sería conocido como «la Expedición Malaespina» (aunque el liderazgo y el arrojo fuera compartido con José de Bustamente y Guerra), argumentó que Francia e Inglaterra estaban recorriendo los océanos no solo para dominar el planeta con los cañones y con los esclavos y con las mercancías, sino también para cartografiarlo, dibujarlo, investigarlo, coleccionarlo biológica y artísticamente. Y citó a James Cook y sus míticos tres viajes por el Pacífico, entre 1768 y 1779.

La expedición partió del puerto de Cádiz tan solo una década después de la última travesía del marino inglés, el 30 de julio de 1789 y regresó el 18 de septiembre de 1794 (qué bien supo España esquivar los vientos huracanados de la Revolución Francesa). Las corbetas Descubierta y Atrevida —que sí tenían nombres potencialmente legendarios— llevaban a bordo a doscientos hombres. Entre ellos a científicos y artistas. De modo que mientras recorrieron las costas de las colonias del imperio en decadencia, de América a Filipinas, pasando por China y Australia, levantaron topografías, recolectaron herbarios, estudiaron las corrientes marinas, ensayaron remedios medicinales y dibujaron fauna, paisajes y constelaciones.

Tal vez el país del mundo que recuerda con mayor constancia ese viaje es Australia. Es mucho más habitual encontrarte el nombre de Malespina en los museos de Melbourne o Sídney que en los de Cádiz o Madrid (en el Prado ni siquiera se conserva un óleo a la altura del personaje, sino una copia de finales del siglo XIX). Los barcos españoles estuvieron un mes atracados en la bahía de Sídney, durante el cual la tripulación científica se dedicó a estudiar la costa desde Port Jackson hasta Parramatta. Entre los documentos que nos dejaron de aquella navegación por Oceanía destaca una carta naútica de 1812, firmada por el propio Espinosa y por José Tello, que delinea meticulosamente el contorno de la enorme isla y en su centro vacío inscribe el nombre de Nueva Holanda.
  
What a fascinating person! Gracias.