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Manuel

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 Zotlandia 
La metteuse en scène Tatiana Frolova a collecté la parole d’habitants de la ville de Komsomolsk-sur-Amour en Sibérie pour bâtir un spectacle sur la mémoire commune des traumatismes de l’histoire soviétique et l’identité de la Russie post-soviétique. Vient ensuite un travail d’assemblage porté sur scène par les acteurs du théâtre KnAM, entre réalité et fiction. Les mots qui suivent sont ceux d’un article de l’éditeur Vladimir Yakovlev. Ils terminent le spectacle.  


Je n’ai pas encore commencé à vivre (extrait), par Tatiana Frolova et le théâtre KnAM.

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Pour évaluer l’ampleur des tragédies du passé russe, nous comptons généralement les morts. Pourtant, ce ne sont pas les morts qu’il faut compter, mais les survivants. Les morts sont morts. Les survivants, ce sont nos parents et les parents de nos parents. Les survivants, ce sont ceux qui sont devenus veufs, orphelins, qui ont perdu leurs proches, ceux qui ont été déportés, dépossédés, exilés, ceux qui ont tué pour sauver leur peau, pour une idée ou pour la victoire, ceux qui ont trahi ou ont été trahis, ceux qui ont été ruinés, ceux qui ont vendu leur conscience, ceux qui se sont transformés en bourreaux, ceux qui ont torturé et ceux qui ont été torturés, violés, estropiés, dépouillés, ceux qui ont été contraints à dénoncer, ceux qui ont sombré dans l’alcool du fait d’une douleur sans fond, d’un sentiment de culpabilité ou de la foi perdue, ceux qui ont été humiliés, ceux qui ont connu la faim atroce, la captivité, l’occupation, les camps.

Il y a eu des dizaines de millions de morts. Les survivants, eux, sont des centaines de millions. Des centaines de millions de personnes qui ont transmis leur peur, leur douleur, leur sentiment de menace permanente venant du monde extérieur à leurs enfants qui, à leur tour, en y ajoutant leurs propres souffrances, nous ont transmis cette peur.

 Zotlandia last edited: Sat, 24 Mar 2018 08:08:44 +0100  
"Desde aquí se defiende también la seguridad de las familias españolas, aseguró la titular de Defensa durante su visita al destacamento español desplegado en Letonia. Cómo no evocar la participación de la División Azul, que partió hacia Leningrado al grito de “Rusia es culpable”. Al parecer esta presencia militar es el precio que le toca pagar a España por evitar el posicionamiento público de los países bálticos a favor de la independencia de Cataluña.


España, provocando en el Báltico: ¿“Rusia es culpable”?

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La participación de las fuerzas armadas españolas en la escalada de tensión y provocación que las potencias occidentales vienen desarrollando frente a Rusia no puede llevar más que a crisis, conflictos y algún episodio que lamentar. Especialmente peligrosa es la presencia militar española en Letonia, en el marco del despliegue que la OTAN lleva a cabo cercando a Rusia desde, prácticamente, la caída de la Unión Soviética, respondiendo de forma infame a la profunda crisis que sufrió el Estado soviético, con el espectacular debilitamiento de todas sus estructuras, muy especialmente la militar. La OTAN respondió al hundimiento de su gran enemiga y tras la emergencia como líder del nuevo estado de Boris Yeltsin (un grotesco y cortejado personaje, al que sin embargo sus nuevos amigos no le ahorraron humillaciones), decidiendo la incorporación en su dispositivo militar de los países surgidos de la URSS e integrados en la Unión Europea: primero fueron Hungría, Polonia y la República Checa (1999), luego siguieron Rumania, Bulgaria, los tres países bálticos, Eslovenia y Eslovaquia (2004); más recientemente se han unido Albania y Croacia (2009) y por último, Montenegro (2017).

Desde 1989, y tras la integración en la OTAN y la UE, España ha ido multiplicando su presencia e intervenciones militares en el mundo, haciéndonos presentes, socapa generalmente de la ambigua, cuando no hipócrita, justificación de la “contribución a la paz”, estando actualmente presentes nuestras tropas en dieciséis países. En el ámbito europeo-oriental venimos acrecentando nuestra implicación por aquello de “la solidaridad debida” con nuestros socios comunitarios y frente a las “amenazas expansionistas de Rusia”. Nos unimos, así, a la creciente ola antirrusa y anti Putin, que dice basarse en la amenaza que supone la anexión de Crimea a Rusia y el “ambiente de provocación” que se atribuye a Moscú (sin reparar, como es habitual, en la viga en el ojo propio). En este militarismo parece ahora competir la UE con la OTAN, con decisiones novedosas que pretenden coordinar y relanzar las políticas de defensa buscando la “autosuficiencia”: se trata de la Coordinación Estructurada Permanente –PESCO en sus siglas en inglés– y que parece envolver a los tradicionalmente poco militaristas países nórdicos, lo que presenta una novedad de importancia y que podría desestabilizar gravemente el flanco noroeste de Rusia, tras una larga etapa histórica en la que quedo establecida la neutralidad de esos países ribereños del Mar Báltico y el Océano Glacial Ártico (Especialmente delicado será el futuro para Finlandia si, como algunos signos lo dejan ver, opta por integrarse en la OTAN o abandona su estatus desmilitarizado).