Tallando la roca del silencio: poemas de Hugo Mujica

 Zotlandia 
Hoy compartimos una selección de este poeta argentino que definió su arte, de forma ejemplar, como "tallar la roca del silencio".  En sus palabras, preferibles a lo que podamos decir aquí, la poesía es ese lenguaje que "hace que lo ausente siga vigente, que hace presente lo que se acaba de perder".  Entre las muchas cosas que otros han dicho de él, citamos estas de López Vega:
Uno recuerda en algún poema, en algún fragmento, la obra de los grandes poetas de Oriente" y no por esto deja de sorprendernos por su originalidad. La poesía de  Hugo Mujica se mueve en la hondura de lo que somos y desde ahí construye el poema como la naturaleza hace un árbol diría Huidobro" (Martín López Vega, ABC, 2006).

Y sin más, invito a los amigos del canal a oír el ritmo del cincel y la maza tallando palabras de su misteriosa roca

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El desierto de cada día

En el desierto de cada día el viento borra las huellas de
todas las caravanas, barre los pasos de dios en el paso de cada
hombre, borra las huellas de todos ellos en el desierto de cada mundo.

En el desierto de cada vida hay una huella que nada borra:
la del desierto de cada vida, la huella que el viento traza.


Ausencia

Fue cuando no pude más y grité "¡yo!", cuando escuché
mi eco diciéndome "¡yo!".

Y supe que las cosas comunes nunca habían tenido bordes, que
el hueco de todas las bahías se recortaba en mí, que el borde de
todos los otros comenzaba donde faltaba yo.

   Fue cuando supe que no había nadie.

   Pero no corrí de un lado a otro para encontrarme con nadie,
me quedé solo y, aún así, alguien estaba de más. Quizás era
yo, era el eco de mí.

Fue entonces cuando me asaltó una duda: si no había nadie
¿sobre quién rebotaba mi grito para volverse eco de mí?

(Es sobre esta duda que ahora escribo, o tal vez, sea sobre
la misma esperanza que siempre escribí).


Hace apenas días

Hace apenas días murió mi padre,
hace apenas tanto.

cavó sin peso,
como los párpados al llegar
la noche o una hoja
cuando el viento no arranca, acuna.

hoy no es como otras lluvias
hoy llueve por vez primera
                          sobre el mármol de su tumba.

bajo cada lluvia
podría ser yo quien yace, ahora lo sé,
                                 ahora que he muerto en otro.


Cinco poemas desde el silencio

bosque talado

grita,
pero no sabe que grita

como el ángel de mármol
sobre la tumba de un niño


2
pedrada de pájaro
en vuelo

como quien roba a quien lo hospeda,
o como estar en la vida
como un muerto desnudo:
cubierto de tierra


3
me vestí para el banquete
y me dieron a mondar mis huesos

me desnudé para
las bodas
y me revistieron de escarchas

¿de qué avaricia soy el precio?

4
Atardecer


La soledad de los árboles le descarnaba las espaldas.
Después, imperceptiblemente, el peso solitario lo fue
encorvando, hasta hacerlo caber en la vida.

5
como el primer decirse llanto
del recién nacido,

o un ángel de humo despidiéndose
desde la última hoguera

me duelo darme a luz y me duele apagarme:
dos orillas de un tajo el morirte


Hay perros que mueren de la muerte de su amo

Hay perros
que mueren de la muerte de su amo

cuerpos que no hacen el amor,
hacen el miedo

que no se agitan,
                     tiemblan.

Y hay hombres
en los que muere dios
como una gota de lacre
sobre el pecho
          de un torso de mármol,

son los que lloran cuando creen
estar hablando,
o gritan soñando, pero al alba
olvidan el grito
con que encendieron la noche.

Hay hombres en los que gime dios
por no encontrar un hombre
                   donde morir de carne,

pero no llora como quien lo hace
solo,
llora como quien llora abrazado a un niño.

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