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La poesía visionaria de Juan Larrea

  last edited: Thu, 27 Apr 2017 10:40:34 +0200  
De la la literatura de este poeta vasco, que escribió en francés y en español y que conocemos sobre todo gracias a su amigo y mentor Gerardo Diego, dice Andrés Morales:
La búsqueda poética de Juan Larrea no puede resumirse como un problema estrictamente literario. Su ansia de comprensión del mundo y su necesidad de libertad logran en la poesía un marco adecuado durante una época de su vida. Desde el creacionismo hasta sus hallazgos personales, ya sea en la propia corriente huidobreana [por Vicente Huidobro] como en la poesía escrita a instancias de su experiencia personal, la posición de Larrea es prácticamente la misma. Fundamentalmente prevalece su inquietud renovadora –muchas veces lejos de las modas, del ultraísmo, de las veleidades y prebendas- pero con la clara intención de conseguir una postura filosófica en torno a la existencia que, tal vez, hace que abandone la poesía como método de indagación y le aproxime al ensayo como medio de interpretación más objetivo y, a su vez, más totalizador


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En una apretada síntesis, este fue Juan Larrea:
(Bilbao, 1895 - Córdoba, 1980) Poeta y ensayista español. Su obra poética, escrita mayoritariamente en francés, se inscribe dentro de la corriente surrealista. Archivero de profesión, comenzó su labor literaria en las revistas ultraístas “Grecia” y “Cervantes”, donde en 1919 publicó sus primeros versos. Posteriormente militó en las filas del creacionismo animado por el fundador del movimiento, Vicente Huidobro. En 1926 se trasladó a París y fundó junto con César Vallejo la revista “Favorables París Poema”, cuyo primer número incluía un manifiesto de carácter surrealista escrito por él. A partir de ese momento decidió adoptar el francés como idioma poético para, una vez rotos los vínculos con la lengua materna, alcanzar la máxima libertad creativa de acuerdo con los ideales del movimiento.
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En 1930 Larrea dejó de escribir poesía y viajó a Perú con objeto de estudiar las culturas precolombinas. Su producción fue prácticamente ignorada en España, aunque Gerardo Diego tradujo e incluyó varios de sus poemas en la revista “Carmen” y en su Antología (en sus ediciones de 1932 y 1934) dedicada a la Generación del 27. También gracias a Gerardo Diego apareció en México Oscuro dominio (1935), sucinto volumen de prosa y verso. No obstante, su obra lírica completa no fue publicada en español hasta 1970, con el título de Versión celeste.


Y ahora, una selección personal de sus versos:

ALBA DE NO ENTENDER NADA

El horizonte salta a los ojos de su amor
arrastrando consigo la esperanza de sobrevivirse
en este olvido sonrosado de carne y de sí mismo
se está lejos de ser puro
en mi vida te veo
desleída inasible
los brazos se buscan los brazos se alargan
imaginarios
desde una a otra orilla de la llama

Quisieran matarme
pensando volver a verte
no hallarían de ti más que la esperanza de estar desnudo


EL CORAZÓN VIENE A ENCALLARSE EN SU FORMA HABITUAL


La transparencia viaja a lo largo de sus brazos
la transparencia prolonga una vida sin amargura
es en el lecho de su lago
un pedazo de ella misma de ella misma rodeada
centellear de las sombras alud inimitable
el ámbar desnudo de la vida ya no ofrece resistencia

(Una mirada nos separa
un día hermoso nos enluta
porque edificas tu casa
con todo lo que de mí mismo ignoro)

Traducción del francés de Carlos Barral


EL MAR EN PERSONA


He aquí el mar alzado en un abrir y cerrar de ojos de pastor
He aquí el mar sin sueño como un gran miedo de tréboles en flor
y en postura de tierra sumisa al parecer
Ya se van con sus lanas de evidencia su nube y su labor
A la sombra de un olmo nunca hay tiempo que perder

Crédula exquisita la oscuridad sale a mi encuentro
Mi frente abriga la corteza del pan que llevo adentro
cortado a pico sobre un pájaro inseguro

Y así me alejo bajo la acción del piano
que me cose a las plantas precursoras del mar
Un ciervo de otoño baja a lamer la luna de tu mano
Y ahora a mi orilla el mundo se empieza a desnudar
para morirse de árboles al fondo de mis ojos.

Mis cabellos se llenan de peces de penumbra
y de esqueletos de navíos forzosos

Sin ir más lejos
tú eres fría como el hacha que derriba el silencio
en la lucha entre el paisaje y su golpe de vista

Mas cuando el cielo exporta sus célebres pianistas
y la lluvia el olor de mi persona
cómo tu hermoso corazón se traiciona


ESPINAS CUANDO NIEVA


Suéñame suéñame aprisa estrella de tierra
cultivada por mis párpados cógeme por mis asas de sombra
alócame de alas de mármol ardiendo estrella estrella entre mis cenizas

Poder poder al fin hallar bajo mi sonrisa la estatua
de una tarde de sol los gestos a flor de agua
los ojos a flor de invierno

Tú que en la alcoba del viento estás velando
la inocencia de depender de la hermosura volandera
que se traiciona en el ardor con que las hojas se vuelven hacia el pecho mas débil

Tú que asumes luz y abismo al borde esta carne
que cae hasta mis pies como una viveza herida

Tú que en selvas de error andas perdida

Supón que en mi silencio vive una oscura rosa sin salida y sin lucha


RAZÓN



Sucesión de sonidos elocuentes movidos a resplandor, poema
es esto
y esto
y esto
Y esto que llega a mí en calidad de inocencia hoy,
que existe
porque existo
y porque el mundo existe
y porque los tres podemos dejar correctamente de existir.

#poesía #literatura #Juan Larrea
  
Para mí ha sido siempre un misterio el olvido de este poeta, su descuelgue -por ejemplo- de la nómina de la Generación del 27 a la que pertenece naturalmente. Gracias al excelente estudio que dedica a Juan Larrea el hispanista italiano Gabriele Morelli -en su introducción a una antología que publicó la Fundación Banco Santander- me entero de cómo lo explicaba el propio poeta:
¿Por qué no hice buenas migas con los poetas españoles contemporáneos? La poesía era para mí, por así decirlo, agencia de salvación. A ella se habían transferido espontáneamente las grandes esperanzas nacidas al calor de mi rigurosísima formación religiosa. Los otros poetas, carentes a lo que parecía de esta urgencia trascendental, operaban en el campo de la literatura  dentro de la sociedad vigente de alcances, a mi juicio, provinciales. En el fondo yo era un místico de la poesía, arrastrado por apetencias de otro género harto más desorbitado, mientras que en mi sentir los otros no pasaban de creyentes. Yo no tenía ni problemas sociales ni afanes de notoriedad. Mi problema era esencial y universal, de vivencia profunda, de locura, si se quiere: en puridad religioso. De ahí que entre mi posición ante el lenguaje o verbo y la de los demás poetas españoles mediara cierto abismo, no siempre consciente, que se traducía en mi desolidarización sin distingos y apartamiento a toda costa.

Este "apartamiento" -espiritual pero también geográfico- llegó a tal punto -no lo sabía- que se puso en duda la existencia real de Juan Larrea. He aquí las palabras de desmentido, de reivindicación del poeta real, que escribió su amigo Gerardo Diego, de quien algunos lo consideraron un apócrifo:
Fui yo el intermediario, el que conseguí que Juan rompiese su firme decisión de mantenerse inédito, aunque no por esa aparición entrase de lleno en lo que se llama la vida literaria, a la que todavía permanece hostil o indiferente. En cualquier caso, aquellos poemas y los que luego siguieron en su revista Favorables París Poema, dirigida por él y por César Vallejo, e inmediatamente en la mía, Carmen, atestiguaban sin dejar lugar a dudas por de pronto que Larrea existía, que no lo había inventado yo y que yo no era ningún loco al proclamar que era el más hondo e intenso de los poetas españoles. De nuevo, mi Antología de 1932 presentaba a Larrea, incluso con su retrato para que no hubiera lugar a dudas.